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Mil veces San Telmo

Con apenas 1,2 kilómetros cuadrados de superficie, San Telmo es el barrio más chico de Buenos Aires. Pero si te ponés a buscar, es impresionante la cantidad de temas que lo nombran. Debe ser el barrio con más versos de rock por metro cuadrado de la ciudad. Estos son apenas algunos…

¿Cómo no arrancar la enumeración con “San Telmo”, el minitema que los Redondos incluyeron en Lobo suelto/Cordero atado que tiene una cita de "Héroe del Whisky"? Se puede seguir por “No te mueras en mi casa” de Charly García (“No sé qué mierda pasó en San Telmo…”), “San Telmo Harlem” de Javier Martínez o “139 Lexatins” de Fito Páez (“estoy bien, estoy feliz, tengo miedo, San Telmo sin
ti”) o “Uriel, de San Telmo a Salsipuedes” (Hilda Lizarazu).


También de aquellos que caminaron, y mucho, las calles del barrio, como “Cinco Magníficos” de Sumo (“Y yo soy artesano, y por San Telmo voy, pero en realidad soy de Chivilcoy”), “Sir Margarita Yourcenar” de Celeste Carballo (“Cuánta muerte hay por San Telmo. Cuánta vida quedará”) o “Mariscal Tito” de Bersuit (“Sos un repartidor del Dios que amamos paseando por San Telmo”).

En los 90 y 2000, el barrio ofreció un circuito de bares y tugurios en los que surgieron o se consolidaron decenas de bandas. Por ahí pasaron Los Piojos (“Genius”: “desde Holanda vino el bohemio y te cruzo en San Telmo”), Callejeros (“Tratando de olvidar”: “Estoy tan lejos tratando de olvidar que nos conocimos en San Telmo”), Jóvenes Pordioseros (“Maldito San Telmo”), La 25 (“Hacelo de nuevo”: “En San Telmo ayer perdí pero mañana iré por más”), La Perra que los Parió (“Candombe de la tarde”: “Por San Telmo voy recordándote”), Sancamaleón (“Iggy Pop de San Telmo”) o De la Gran Piñata (“De bar en peor”: “En San Telmo resbalé, cáscara de bandoneón, y de jeta al piso”).

Además, claro, está en el título de un disco: El marajá de San Telmo, un EP de Panza.

Cosas grandes en Luz y Fuerza


Lugar: Teatro Luz y Fuerza (Perú 823).


Eran todos acústicos y todos principiantes. Ninguno había sacado un disco. Miguel y Eugenio, un dúo de Castelar que después sería base del grupo Aucán. Charly García y Nito Mestre, ya Sui Generis, ya percibían que estaban creciendo rápidamente. León Gieco, el joven santafesino que había empezado a componer inspirado en Bob Dylan.

A fines de 1971 o principios de 1972 compartieron la noche en el Teatro Luz y Fuerza, en Perú 823, San Telmo. Se suponía que Gieco cerrara la noche. Pero las cosas pasaron de otra manera. “Cuando estaba por empezar el concierto, me dijeron que Sui Generis no iba a poder tocar porque el pianista no estaba, no había llegado –contó León a Página 12–. Entonces tuvimos que tocar nosotros primero, y recién ahí fue cuando apareció Charly: en realidad estaba desde antes pero se había escondido para poder cerrar el show él. Una turrada, pero también una cosa divina. Yo me di cuenta al instante, pero no pensé mal, porque me dije que un tipo que, siendo nadie, era capaz de una movida así, iba a terminar haciendo cosas grandes...”

Ese día se conocieron. Cuando lo vio tocar, León soñó con tener a ese pianista genial y carismático como tecladista de su grupo. Le duró poco, claro. Después de todo, sabía íntimamente que estaba para “cosas grandes”. Algo de razón tenía.